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La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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lunes, 11 de julio de 2011

Una coyuntura favorable que hay que saber aprovechar.

La economía Argentina, desde su nacimiento como nación hasta el día de hoy, se caracteriza por ser un importante vendedor de bienes primarios y sus subproductos al mercado mundial. Así, pese a que las exportaciones industriales casi se triplicaron desde la salida de la convertibilidad, las de base primara siguen explicando la mayor parte del ingreso de dólares al país (y el 55% de las exportaciones de 2010).
Es por eso que, el fuerte aumento del precio internacional de las materias primas registrado de los últimos años, constituye un gran desahogo para las cuentas externas de nuestro país. Para tener una idea de la dimensión de ese beneficio vale hacer el ejercicio de calcular cuál hubiera sido el resultado del balance comercial de 2010, si los precios de nuestras exportaciones e importaciones fueran los de los años noventa. Según la información del Ministerio de Economía, en lugar del superávit de u$s14.690 millones registrado el año pasado, hubiera dado un déficit de u$s4.290 millones – a precios de 1993-.
Y como todo el mundo sabe, el ingreso de dólares por exportaciones constituye un elemento esencial para el desenvolvimiento de nuestra economía. Es la fuente para acumular reservas y lograr la estabilidad del valor del peso, evitando corridas cambiarias y bruscas redistribuciones de ingresos como las registradas en el año 2002. Es la condición para poder pagar las importaciones de bienes de capital e insumos que no se producen en el país y son fundamentales para sostener el crecimiento económico. Y es también la base que permite reducir la deuda externa sin entregar nuestra soberanía política a los acreedores como moneda de cambio de eternas refinanciaciones.
Pero si el aumento del precio internacional de las materias primas alivia el frente externo, genera varias complicaciones en el interno - como lo demostró el conflicto por la resolución 125 de retenciones móviles del año 2008-. Es que de no intervenir el gobierno diferenciando el precio internacional del doméstico, los mayores precios internacionales se traducen en rentas extraordinarias para unos pocos y en un mayor costo de la carne, el pollo, los fideos, la harina o la polenta, para la inmensa mayoría. Y se corre el riesgo de que la inflación importada en alimentos se traduzca en descontentos sociales, pujas salariales y pérdida de competitividad en algunas industrias. Es por ello que para poder aprovechar la coyuntura internacional profundizando la senda de un desarrollo productivo con inclusión social, se debe construir un consenso social y político capaz de avanzar por el camino del que un voto no positivo nos desvió.

Andrés Asiain
Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauetche
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