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martes, 17 de julio de 2012

En Tiempo Argentino: La fortuna y la virtud no se coparticipación.


Por Rodrigo Lopez.

Una de las virtudes de la economía argentina durante el kirchnerismo fue el superávit fiscal, que se mantuvo por encima de la línea de flotación por el período más extenso que recuerden las estadísticas.
Sin embargo, algunos analistas siguen ladrándole al gasto público como si la economía fuera la misma deficitaria de la década del noventa. El pozo de aire del déficit primario del último trimestre de 2011 les dio vela y se pensaron que estaban en un entierro. Los datos para 2012 ya mostraron la recuperación del superávit. ¿Qué pasó?
No es cierto que hubo un aumento del "gasto público". El gasto operativo del Estado se mantuvo en sus niveles. La única partida que alzó la cabeza (y el cuerpo) fueron los intereses. Coincidieron un fenómeno estacional con uno excepcional: en el cuarto trimestre, que es siempre el más bravo, se afrontó un gasto en concepto de intereses en moneda extranjera, que pasó de 1479 millones de pesos a 12.347 millones de pesos, para bajar en 2012 a un habitual 2163 millones trimestral. Sin embargo, los analistas mezclan todo y aprovechan para pedir un recorte a las remuneraciones y el gasto social en general.
El gobierno no hace ruido con las cuentas fiscales, hace política económica. Utiliza el gasto como medida anticíclica para enfrentar los efectos de la crisis internacional, como en 2009, y para redistribuir el ingreso por los canales invisibles pero bien palpables que son las transferencias.
En los últimos años las transferencias corrientes vienen arriba de los 30 mil millones de pesos por trimestre (con una fiebre de 38 a fines del 2011). La mayor parte de estas erogaciones van al sector privado, siendo uno de los principales rubros los subsidios a las tarifas de los servicios públicos, en especial la energía eléctrica. El gobierno ya tomó unas primeras medidas, quitando el beneficio a la franja de billetera más gruesa identificada por la zona de residencia, e invitando al resto a ejercer conciencia cívica optando por la renuncia. El nuevo coletazo de la crisis mundial parece haber parado las quitas, priorizando la equidad y la demanda agregada.
El resultado financiero, que incluye los gastos en IRD (inversión real directa) y transferencias de capital, terminaron de dar esa foto deficitaria de fines de 2011. Algunos dijeron que era la caja de obra pública para ganar las elecciones. Es cierto que en el tercer trimestre la IRD había crecido un 72% y las transferencias de capital un 30%, pero tras una leve caída, la IRD es aun hoy un 50% más alta que hace un año atrás, y las transferencias de capital a las provincias un 35% más altas. ¿De qué se quejan? La coparticipación gotea de forma directa, y el barullo provincial da cuenta del estancamiento de los ingresos tributarios nacionales desde 2011 (IVA y ganancias) como parte de la crisis. Con el nuevo precio de la soja, la suerte (“fortuna”, en la jerga de Maquiavelo) cayó del lado de Nación, la virtud ya la tenía.
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