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lunes, 23 de diciembre de 2013

Mito económico (Página/12-Cash): Bajar el gasto público y menos Estado.

La receta ortodoxa.

Por Andrés Asiain y Lorena Putero

Un amigo médico nos contó que cuando hacía guardias para una prepaga había un tal doctor Reyes que atendía los miércoles y a todo el mundo le recetaba un fármaco para los mocos llamado N-acetilcisteína, más conocido con un nombre de fantasía que comienza con A y termina con K. Nuestro amigo atendía los jueves y cuando entraba a una casa y veía en la mesa el frasquito preguntaba: “¿Llamó al médico ayer, vino el doctor Reyes?”, y no fallaba nunca. El remedio no hacía ni bien ni mal al paciente, pero a don Reyes le reportaba reintegros y alguna invitación a congresos y fiestas patrocinados por el laboratorio que lo comercializaba.
Algo similar sucede con los economistas ortodoxos, que ante los más variados problemas económicos siempre recetan lo mismo. Hay inflación, propondrán “reducir el gasto público para evitar la emisión inflacionaria, generando un clima de confianza que estimule la inversión privada”. Hay deflación, la solución será nuevamente “reducir el gasto público para brindar previsibilidad macro estimulando la inversión y el gasto privado”. La economía crece rápidamente, “hay que reducir el gasto público para evitar su sobrecalentamiento” y si crece poco “también hay reducir el gasto público para generar la confianza de los empresarios y los consumidores”. Faltan dólares, “hay que reducir el gasto público para que baje el riesgo país y vengan inversiones”, y cuando los verdes sobran se debe “bajar el gasto para compensar el impulso de demanda y liquidez proveniente del sector externo”. La baja del gasto público, junto a otras políticas orientadas a una menor intromisión del Estado en la economía, es vendida a la sociedad como un “tónico que cura todo” problema económico. A cambio, el economista ortodoxo recibe diversos beneficios que le dispensan las corporaciones económicas que dominan los mercados y no quieren un Estado que se entrometa en sus negocios. Podrá acceder a una elevada remuneración mediante contrataciones de asesorías y variados puestos en las mismas corporaciones o en instituciones públicas o privadas, nacionales e internacionales, penetradas por el lobby empresarial. 
 
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