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La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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sábado, 5 de abril de 2014

En la Revista Debate: La cuestión fiscal, en debate.

Por Ernesto Mattos.

La cuestión fiscal en Argentina es de suma importancia y debate. Algunos sectores políticos y económicos que, bajo la excusa del “excesivo déficit fiscal”, intentan implementar sus famosas propuestas, recuerdan al déficit cero de Domingo Cavallo. Por otro lado, también existe la problemática de la dependencia de las provincias con el gobierno nacional en materia de coparticipación y otras transferencias. Situación que generalmente es solucionada como toma y emisión de deuda, o acudiendo a organismos internacionales. O bien se podría modificar o actualizar la estructura provincial impositiva para una mayor recaudación de las arcas provinciales.
Los números de la economía argentina muestran un cierre de 2013 con una recaudación acumulada de $ 858.832 millones, lo que significó un incremento en comparación con 2012 de un 26,3%. Este número fue superior al Presupuesto para 2013, pero se ubica por debajo de la meta corregida de $ 874.501 millones para el Presupuesto 2014.
La situación de las provincias muestra interrogantes de cara a 2014. Uno tiene que ver con la posibilidad de introducir modificaciones en sus estructuras tributarias donde el principal impuesto es Ingresos Brutos, mientras que el Impuesto Inmobiliario Rural todavía sigue sin grandes modificaciones, principalmente en la zona de producción de comercio exterior. Se pone énfasis en el inmobiliario rural ya que es un impuesto que grava a los propietarios de la tierra. Además, existe el inmobiliario edificado y baldío que grava a otros sujetos, como puede ser personas que viven en casas o departamentos. Las desigualdades fiscales en las provincias acentúan la dependencia con el gobierno nacional. Esta dependencia se evidencia en las transferencias automáticas, que son la distribución provincial de las transferencias por coparticipación. Durante el año 2013, por coparticipación federal las provincias recibieron un total de $ 215.867 millones; si comparamos con el año 2012, obtenemos un incremento del 30%. Si sumamos los ingresos del Fondo Federal Solidario -o fondo sojero- y los comparamos con los de 2012, nos arroja un incremento del 30%. El Fondo Federal Solidario cerró el año con un total de $ 9.644 millones, un 32% más que el año 2012. Este fondo sojero proviene de los derechos de exportación, de ahí la importancia de la liquidación de divisas, que está gravada por los derechos de exportación. Si cae la liquidación de divisas, caen los derechos de exportación y por ende el fondo sojero (implementado desde abril de 2009) e indirectamente hay menor inversión pública en los municipios y provincias (reparación y mantenimiento de calzada, hospitales, escuelas, etcétera). Si bien la coparticipación muestra signos positivos, es necesario complementar la obra pública provincial y municipal, y ese es el rol que cumple el fondo sojero. Lo que permite dejar grados de libertad en las provincias y municipios para poder hacer frente a las cuestiones diarias de obra pública. A su vez, permite evitar que las provincias incrementen sus deudas externas e internas.

martes, 17 de julio de 2012

En Tiempo Argentino: La fortuna y la virtud no se coparticipación.


Por Rodrigo Lopez.

Una de las virtudes de la economía argentina durante el kirchnerismo fue el superávit fiscal, que se mantuvo por encima de la línea de flotación por el período más extenso que recuerden las estadísticas.
Sin embargo, algunos analistas siguen ladrándole al gasto público como si la economía fuera la misma deficitaria de la década del noventa. El pozo de aire del déficit primario del último trimestre de 2011 les dio vela y se pensaron que estaban en un entierro. Los datos para 2012 ya mostraron la recuperación del superávit. ¿Qué pasó?
No es cierto que hubo un aumento del "gasto público". El gasto operativo del Estado se mantuvo en sus niveles. La única partida que alzó la cabeza (y el cuerpo) fueron los intereses. Coincidieron un fenómeno estacional con uno excepcional: en el cuarto trimestre, que es siempre el más bravo, se afrontó un gasto en concepto de intereses en moneda extranjera, que pasó de 1479 millones de pesos a 12.347 millones de pesos, para bajar en 2012 a un habitual 2163 millones trimestral. Sin embargo, los analistas mezclan todo y aprovechan para pedir un recorte a las remuneraciones y el gasto social en general.
El gobierno no hace ruido con las cuentas fiscales, hace política económica. Utiliza el gasto como medida anticíclica para enfrentar los efectos de la crisis internacional, como en 2009, y para redistribuir el ingreso por los canales invisibles pero bien palpables que son las transferencias.
En los últimos años las transferencias corrientes vienen arriba de los 30 mil millones de pesos por trimestre (con una fiebre de 38 a fines del 2011). La mayor parte de estas erogaciones van al sector privado, siendo uno de los principales rubros los subsidios a las tarifas de los servicios públicos, en especial la energía eléctrica. El gobierno ya tomó unas primeras medidas, quitando el beneficio a la franja de billetera más gruesa identificada por la zona de residencia, e invitando al resto a ejercer conciencia cívica optando por la renuncia. El nuevo coletazo de la crisis mundial parece haber parado las quitas, priorizando la equidad y la demanda agregada.
El resultado financiero, que incluye los gastos en IRD (inversión real directa) y transferencias de capital, terminaron de dar esa foto deficitaria de fines de 2011. Algunos dijeron que era la caja de obra pública para ganar las elecciones. Es cierto que en el tercer trimestre la IRD había crecido un 72% y las transferencias de capital un 30%, pero tras una leve caída, la IRD es aun hoy un 50% más alta que hace un año atrás, y las transferencias de capital a las provincias un 35% más altas. ¿De qué se quejan? La coparticipación gotea de forma directa, y el barullo provincial da cuenta del estancamiento de los ingresos tributarios nacionales desde 2011 (IVA y ganancias) como parte de la crisis. Con el nuevo precio de la soja, la suerte (“fortuna”, en la jerga de Maquiavelo) cayó del lado de Nación, la virtud ya la tenía.