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La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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lunes, 15 de abril de 2013

Un "plan" contra especuladores (Tiempo Argentino):

Por Ernesto Mattos.
 
Esta semana la confirmación en la baja de la tasa para tarjetas que anunciaron la Asociación de bancos públicos y privados (Abappra) y los bancos argentinos (ADEBA) demuestran que existía un amplio margen de rentabilidad que los bancos se apropian.
La tasa, promedio, pasa del 40% al 30%. Entre 2002 y 2012 la tasa, promedio, fue del 34%, mientras que en 2002 fue del 35% y va a situarse al 30% durante 2013, surge una pregunta ¿Es la misma situación económica la del 2002 y 2012 que justifica tener un tasa del 30 por ciento? Pero ¿qué tiene en común esta situación y las cámaras de exportadores de aceites y de cereales? Una institución denominada Comercio Interior, que solicitó, se aceleren la liquidación de las divisas ¿Porque pide esto? Según el informe N°26 del CEMOP, el primer trimestre de 2013 sólo se liquido U$S 3094 millones, sí los comparamos contra el 1°T-11 y el 1°T-12 se contrajo un 17% y 16% respectivamente. Cuando el valor bruto de la producción agrícola nacional en la campaña 2009/10 fue de U$S 27.401 millones; 2010/11 U$S 41.050 millones; 2011/12 U$S 34.115 millones; y se proyecta, a los precios internacionales, para la campaña 2012/13 unos U$S 38.8667 millones cuando las oleaginosa representa el 70 por ciento.
 

 

lunes, 3 de septiembre de 2012

En Página12, Temas de debate: como impacta la suba de precios y el acuerdo con Monsanto.

Por Andres Asiain*
Los efectos que provoca la soja: La combinación de altos rindes y buenos precios de la oleaginosa permite despejar el panorama económico el año próximo, pero el cultivo estrella del campo seguirá desplazando a otras producciones y un convenio con Monsanto limitaría los beneficios para el país. El alza del precio de los alimentos afecta especialmente a los sectores más humildes de la población. El gobierno nacional ha venido paliando esa situación a través del incremento de las jubilaciones, las asignaciones, los planes sociales y los sueldos de estatales. Todo ello implica gastos financieros que reducen el aporte real de recursos del sector agropecuario al Estado. Por otro lado, los mayores precios de los alimentos inducen pedidos de incrementos salariales que aumentan los costos laborales de las empresas y que son transferidos a precios por sus empresarios. Ello reduce la competitividad de la industria, especialmente la pequeña y mediana, y obliga a una serie de medidas administrativas de restricción de importaciones para evitar que sean desplazadas por la competencia externa. El sostenimiento de un proyecto de reindustrialización con inclusión social, descansa en gran medida en la posibilidad de lograr mantener un suministro de alimentos para el mercado interno a precios bajos. Ello requiere una fuerte intervención estatal en el sector agropecuario que se imponga a la lógica de avance de la soja que hoy determina el mercado mundial. El ejemplo de Brasil, tantas veces traído a cuento por los intelectuales de la derecha, puede ser útil en este caso. Pese a su creciente producción de oleaginosas, el país vecino logró sostener un espacio de pequeños agricultores familiares que hoy suministran cerca del 70 por ciento de los alimentos que consumen los brasileños. Su presidenta acaba de anunciar créditos cercanos a los 9000 millones de dólares para el desarrollo de ese sector.

*Docente de la Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauretche.

Nota completa ver:  ¿Bendición o maldición?