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La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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lunes, 23 de septiembre de 2013

Mito económico (Página/12-Cash): Deudor recalcitrante.

La quiebra de la Baring Brothers.
Por Andres Asiain y Lorena Putero

El mito de la Argentina como un “deudor recalcitrante”, formulado recientemente por la Cámara de Apelaciones de la Justicia de Nueva York al avalar el fallo Griesa, tiene sus antecedentes históricos. El más famoso es el que atribuye a la morosidad argentina en pagar sus deudas la quiebra del banco inglés Baring Brothers hacia finales del siglo XIX. El mito suele ser mencionado anecdóticamente por quienes adoctrinan en finanzas a estudiantes de economía de distintas universidades del país, inculcando la idea de que los argentinos tenemos un largo historial de incumplimientos financieros.
La historia de la banca Baring y la deuda externa argentina nace con el primer empréstito tomado por Rivadavia, en 1824. En su famoso trabajo sobre la “Historia del primer empréstito”, Scalabrini Ortiz mostró que del millón de libras emitido como deuda nominal, sólo se recibieron 552.700, la mayor parte como letras a descontar en casas comerciales inglesas instaladas en Buenos Aires. Una larga historia de comisiones y corrupciones, garantías de tierras públicas y rentas aduaneras, cesaciones de pago y renegociaciones, derivó en el desembolso acumulado hasta el último pago, en 1901, de unos 4,8 millones de libras (nueve veces el monto inicialmente recibido). El mito de la quiebra de la Baring transcurre durante el mandato de Juárez Celman (1886-1890) en un contexto de fuerte especulación en la City de Londres sobre valores extranjeros, especialmente sudamericanos. La casa Baring hacía de intermediario, comprando los valores locales y revendiéndolos a un precio superior a los ahorristas ingleses. La colocación en ese mercado de bonos de deuda pública nacional, provincial y municipal, cédulas hipotecarias y acciones de ferrocarriles recientemente privatizados generaba un masivo ingreso de libras a la economía argentina.

Mito completo: Deudor recalcitrante.

viernes, 20 de septiembre de 2013

En Infobae Opinión: ¿Quién empolló a los buitres?

Por Rodrigo López.
 
Una vez más, el mundo mira con atención la suerte de la restructuración de la deuda argentina. Ella sentará precedente para próximas restructuraciones, donde ya podemos advertir su necesidad en Europa, con solo ver cómo se busca torpemente martirizar al pueblo griego con ajustes degradantes e ineficaces.
No es la primera vez que Argentina ocupa tal lugar de visibilidad en los ciclos financieros de la economía mundial. En el siglo XIX, la antigua casa Baring Brothers, que venía esquilmando al país desde 1822, terminó quebrando en noviembre de 1890 por jugar con fuego con la deuda soberana argentina. En 1891 el producto cortó en menos 11% (peor que en el Chinchón), guarismo que por ironías de la historia se repetiría en 2002, tras sendas crisis de convertibilidad, especulación financiera y default.
El ciclo actual, que lleva más de 5 años crujiendo en Europa, comenzó a mediados de los setentas en América Latina, región que lideró las reformas financieras, incluso antes que en los países centrales. Desde entonces, Argentina tuvo una actuación destacada en esto de endeudarse por sobre sus posibilidades y sus conveniencias, factor que en los ochenta costó a la región la llamada “década perdida”, y a Alfonsín la administración de la vuelta a la democracia.
La estatización de la deuda privada a fines de la dictadura militar fue complementada en la década siguiente con la atomización de los acreedores, a través de reestructuraciones improcedentes como las del Plan Brady, que reciclaron la antigua “deuda odiosa” desparramándola en bonos por toda la orbe. Allí EEUU (a través de Brady, su secretario del Tesoro) puso el huevo de los fondos buitres, que las políticas neoliberales de los noventa se encargarían de empollar.