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La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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lunes, 24 de octubre de 2016

En Página 12: "Optimismo empresarial"


Una encuesta de expectativas empresariales realizada durante el coloquio de IDEA en Mar del Plata indicó que 8 de cada 10 empresarios esperan que la situación económica sea mejor en 2017 en relación al segundo semestre de este año. “Estos valores de optimismo son los más altos de los últimos 15 años “, destacó el informe, dando pie a que diversos medios informaran sobre ese record. El reporte publicó textuales empresariales como “hace 6 meses estábamos en deuda con los holdouts, acababa de levantarse el cepo y nada pasó”; “la situación de fondo, que es la política, cambió” o “las acciones positivas tienden a ser estructurales, mientras que los errores son instrumentales”. [...]

Mito completo AQUI

domingo, 20 de julio de 2014

MIto económico (Página/12-Cash): Producción y publicidad.

“Preferencias del consumidor”
Por Andrés Asiain y Lorena Putero

La teoría económica ortodoxa sostiene que el individuo, en tanto consumidor, es el verdadero director de la economía. Mediante sus preferencias, que se expresan a través de sus decisiones de compra, indica a los empresarios qué deben producir y qué no. Quien acate el mandato del consumidor será premiado con una ampliación de sus ventas y ganancias. Quien lo desafíe será condenado a una merma en su clientela y, finalmente, a la quiebra. De esa manera, el libre mercado se presenta como un sistema mediante el cual los consumidores reinan y las corporaciones obedecen.
Un punto importante a señalar es que, aun asumiendo que los consumidores tienen el poder, el mismo se encuentra bastante mal distribuido. Si las preferencias se expresan a través de las compras, está claro que el sistema económico obedecerá a quien tenga la billetera más gorda.
En la plutocracia del mercado, los excluidos no tienen voz ni votos para expresar sus preferencias, mientras que el menor capricho de los ricos recibirá toda la atención del mundo corporativo. La pregunta que no se hace la teoría ortodoxa es: ¿de dónde salen las preferencias del consumidor? Nadie nace sabiendo que prefiere una determinada marca de zapatillas o heladeras. Teniendo en cuenta que las preferencias son una construcción social, el mundo corporativo gasta miles de millones de dólares en publicidad, con la finalidad de influir en las preferencias de sus clientes desde su más tierna infancia. Como recomienda a sus clientes corporativos Lucy Hugues, vicepresidenta de Initiative Media: “Los niños son los consumidores del mañana, así que empiecen a tratar con ellos hoy, ya que siguen desarrollando la relación cuando son jóvenes y cuando son adultos ya los tienen ganados” (película La corporación). Este hecho conocido por todos es desconocido por la teoría ortodoxa, que continúa basando el grueso de su análisis en el supuesto de que las preferencias de los consumidores son independientes de las decisiones de los empresarios. Si esto no es cierto, y la existencia de la publicidad comercial es prueba suficiente al respecto, aun el mercado más competitivo deja de ser eficiente. Si los empresarios pueden aumentar su clientela mediante la publicidad en lugar de competir reduciendo costos y precios, lo harán incrementando los costos publicitarios. Los mayores precios para cubrir el creciente gasto en propaganda son aceptados por los consumidores por la influencia de la publicidad sobre sus preferencias.
 

lunes, 8 de julio de 2013

Mito económico (Página/12-Cash): Política de ingresos, subsidios e inversiones.

“Hay que aumentar las tarifas”

 Por Andres Asiain y Lorena Putero

Uno de los reclamos empresarios más reiterado es incrementar las tarifas de los servicios públicos. Este pedido comenzó con el final de la convertibilidad, cuando la fuerte devaluación fue acompañada de la pesificación de las tarifas. Esta rompió con los contratos de privatización firmados por el gobierno de Carlos Menem, que aseguraban tarifas en dólares ajustadas por la inflación estadounidense (sí, leyó bien, no es un error de redacción). La pesificación derivó en varios juicios por parte de las empresas prestadoras, que tomándose de los tratados internacionales firmados en los noventa demandaron en tribunales externos como el Ciadi. Gran parte de esos reclamos fueron abandonados tras negociaciones y concesiones a las empresas, mientras que otros están pendientes de resolución.
La queja por el congelamiento tarifario continuó a medida que se incrementaban los salarios y otros costos de producción. La consiguiente merma de la tasa de ganancia de las empresas del sector fue utilizada como argumento para justificar los bajos niveles de inversión. La deficiencia de calidad de muchos de los servicios parecía darles la razón; sin embargo, la experiencia histórica y de otros sectores desregulados los contradice. Si la falta de inversiones se debe a que las tarifas son bajas y no permiten obtener una elevada tasa de ganancia, ¿por qué tampoco invertían en los años noventa, cuando sus tarifas y ganancias eran muy elevadas?; o bien, ¿por qué no invierten las empresas de telefonía celular, sector desregulado con tarifas y ganancias muy por arriba de la media mundial?
Llegado cierto punto y al ver los números rojos de algunas empresas, la estrategia oficial para mantener congeladas las tarifas fue el otorgamiento de subsidios. Su monto creció al ritmo de los costos de producción (muchas veces inflados por las empresas concesionarias), y si bien permitió mantener el nivel de tarifas, no tuvo éxito en la mejora de la calidad de los servicios. Eso dio pie para reclamar el fin de la estrategia señalando la injusticia del subsidio de los servicios que percibían también algunos sectores de elevados ingresos. La atendible pero exagerada inequidad de un subsidio general en una sociedad desigual dio lugar a un cambio de estrategia, pasando de un subsidio general a uno direccionado a los sectores de menores recursos, que aún no termina de implementarse. Las dificultades no son pocas, ya que la inmensa mayoría de los usuarios de los servicios públicos son sectores de ingresos medios y bajos.