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La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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lunes, 1 de julio de 2013

En Tiempo Argentino: Una estrategia electoral.

Por Andres Asiain.
La falta de propuestas y viendo lejanas sus chances electorales, gran parte de la oposición, sea partidaria o mediática, se ha montado sobre cuestiones como el alza de los precios para desgastar el oficialismo y tratar de reducir la contundente brecha de votos que le sacó en las últimas elecciones. En ese afán, dejan de lado una preocupación real sobre las causas que se encuentran detrás de ese fenómeno económico y mucho menos, trabajan sobre posibles soluciones.
Por el contrario, se intenta machacar sin fundamentos que son fenómenos que responden a malas políticas gubernamentales, escondiendo la responsabilidad que también le cabe al sector privado y a ellos mismos.
Es así como apoyaron en su momento el desabastecimiento generado por las patronales agropecuarias, que provocó un fenomenal incremento en los precios de los alimentos previo a las paritarias del 2008, a partir de lo cual la inflación adquirió una dinámica inercial que duplicó a la registrada en los meses previos a ese conflicto, y que se mantiene hasta casi la actualidad. De la misma manera, esconden la desaceleración de la inflación en 2012 y, especialmente, en el presente año al acordarse un congelamiento de precios con los supermercados.
Esa desaceleración no es una sensación de los índices oficiales, sino que también la evidencian las estadísticas provinciales y aún los índices privados de la mayor parte de las consultoras. Su ocultamiento por parte de la oposición, deja en evidencia su desinterés por el bolsillo de la población, y su apuesta mezquina al deterioro de la situación económica como instrumento para su posicionamiento electoral.

Nota de opinión: Una estrategia electoral.

lunes, 17 de junio de 2013

Mito económico (Página/12-Cash): La globalización financiera.

Paises emergentes, BRICS y PIGS.

Por Andrés Asiain y Lorena Putero

La agenda neoliberal impuesta a nivel mundial en las últimas décadas impulsó la desregulación de los mercados financieros. La paulatina desarticulación de los controles cambiarios y la creciente apertura de la cuenta capital fue gestando un mercado financiero global donde una inmensa masa de dinero atraviesa las fronteras en segundos, con sólo la presión de una tecla en la computadora de algún operador ubicado en cualquier ciudad del planeta. Ese formidable impulso a los movimientos de capital fue configurando una serie de actores sociales (bancos, fondos de inversión, agencias calificadoras, organismos internacionales de créditos) que incrementan su poder al ritmo al que crecen los fondos que administran. El desafío de la agencia Standard & Poor’s al gobierno del Estado más poderoso del planeta, al bajar la calificación de la deuda norteamericana de “AAA” a “AA+” en agosto de 2011, constituyó la más clara demostración del poder acumulado por los reyes de la globalización. La declaración de un operador en la BBC News sosteniendo que “los líderes políticos no gobiernan el mundo, Goldman Sachs gobierna el mundo” no hizo más que sincerar la situación europea, donde la financiera colocó a sus hombres en los puestos claves para la administración de la crisis.
Si ésa es la suerte que les toca a las naciones más poderosas, poco pueden esperar las más débiles. Para los operadores financieros, las naciones del Tercer Mundo son meros mercados emergentes carentes de historia o identidad cultural, sin otra cualidad distintiva que el nivel de riesgo país, determinante del costo al que acceden al crédito internacional. La razón de ser de la política económica en esa marginalidad de la economía mundial es la aplicación de políticas market friendly que reciban el beneficio de un acceso menos costoso a las limosnas del mundo financiero. La obsesión por bajar el riesgo país gana el discurso económico en los multimedios tributarios de las inversiones externas, desplazando los debates sobre la industrialización, el avance tecnológico, el acceso a la vivienda o la creación de empleo.