Nuestro objetivo:

La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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martes, 17 de noviembre de 2015

En Revista La Negra Del Sur N°4: "La economía de Macri, un pelotazo en los huevos"












La economía de Macri, un pelotazo en los huevos por Rodrigo López

Veníamos ganando bien, con pelota dominada, pero el equipo se confió y empezaron los murmullos en la tribuna: que algunos no corrieron, que las figuras no aparecieron cuando se las necesitaba, que los que entraron desde el banco no rindieron, que la hinchada no alentó, que otros se la dieron al contrario. Lo que sea, el equipo se tiró un poco atrás, y con cancha embarrada la pelota se filtró por debajo de nuestro arquero. Empate. Ahora definimos por penales el futuro del país. Veamos para dónde patea Macri estos cinco pelotazos a la economía nacional, y cómo los puede atajar nuestro guarda metas, con una mano.

Cepo y tipo de cambio
Uno de los temas que han instalado los grupos mediáticos es la paranoia con el dólar. El gobierno viene administrando las divisas, dando prioridades a las importaciones más necesarias. Como respuesta, algunos comenzaron a agitar el dólar ilegal. Macri propone unificar el tipo de cambio, y que lo fije el mercado. El resultado sería insostenible, pues la demanda de dólares supera por mucho la oferta. Aunque sea posible no sería deseable, porque la economía argentina requiere distintos tipos de cambio para atender los diversos sectores. No es lo mismo el dólar que necesita la soja o un financista, que el que necesita un industrial.

Deuda externa y buitres
El default de Rodríguez Saá permitió que Néstor le ordenara a Lavagna ir por una quita del 75 por ciento de la deuda. Nos querían cobrar una pizza y acordamos con los acreedores pagarles sólo dos porciones. Después aparecieron los buitres que levantaron un carozo de aceituna del piso y con eso reclamaron una grande de jamón y morrones. Macri dijo que a estos buitres había que pagarles lo que pidan. Hacer lo que Griesa diga implicaría subordinarnos a la política del capital financiero internacional. Nos van a decir qué hacer con la salud, la educación, los jubilados. Ya lo vivimos en los noventas.
Apertura comercial y retenciones
Macri propone abrir las importaciones y quitar las retenciones a las exportaciones. La avalancha de importaciones ya la conocemos de la dictadura y los noventas: entran productos que compiten con la industria nacional y nuestras fábricas comienzan a cerrar. Macri tiene pensado pagar esas mayores importaciones con los dólares prevenientes de nuevos créditos externos. Se trata de un camino sin retorno que siempre nos llevó al colapso. Por otro lado, eliminar las retenciones implicaría un aumento inmediato de los precios de los alimentos en nuestro mercado interno, además que desfinanciaría al Estado nacional.

Inflación y salarios
La inflación es otro de los temas donde Macri y su equipo nos vienen pegando abajo. Ellos proponen terminar con la inflación en la Argentina reduciendo el gasto público. No hace falta ser una mente brillante para darse cuenta que para esta Alianza Cambiemos la solución pasa por el ajuste. Si matas de hambre a la gente, paran los precios. Mirá vos que genio…marche un premio Nobel para el de amarillo! La gracia es reducir la inflación como lo viene haciendo este gobierno, de forma gradual. La inflación proviene en gran parte por la escasez de dólares, cuyo valor agita todos nuestros precios. Macri no tiene mejor idea que hacer una gran devaluación, lo que provocaría un nuevo shock inflacionario. ¿Paritarias con Macri? Que Dios te ayude…

Gasto público, tarifas y subsidios
La reducción del gasto público ha sido siempre un reclamo del poder económico. La recuperación del Estado como instrumento para intervenir en la economía ha sido uno de los principales aciertos de Néstor y Cristina. De esa manera se pudieron hacer las políticas sociales que garantizan derechos. Para ello hubo que tomar las riendas de las finanzas (Banco Central y acabar con el saqueo de las AFJP) y de la política energética (subsidios y recuperación de YPF). Macri propone quitar los subsidios y subir las tarifas. Es lo que ha hecho en todo lo que toca, por ejemplo en el subte. ¿Sabés quién es su asesor en política energética? El ex presidente de Shell!!! Como decía Scalabrini Ortíz, “el gato es mal guardián de las sardinas”.

Los porteños vienen dominando a las provincias con deuda externa y asfixia fiscal desde Rivadavia y Mitre. Estos liberales siempre pegan fuerte a la derecha. Pero Macri se viene haciendo el buenito. Ha cambiando el discurso. ¡Si hasta puso una estatua de Perón el caradura! Nos la quiere picar, así que Daniel: ¡Tirate a la izquierda que se la paras de pecho! 
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¿Qué es el Coloquio de IDEA?
IDEA es una institución conformada por el capital concentrado del país al punto que sus 450 empresas nacionales y extranjeras representan más del 50% de la torta de la economía argentina. Anualmente, celebran un “coloquio” donde los empresarios hacen subir al escenario a políticos y periodistas para tomarles lección oral, a ver quién es más buchón de la clase dominante. 
Este año, la edición número 51 llevó por título “Tiempo de acordar y hacer”. Seguido por palabras sueltas, como la locución de Giordano en sus desfiles: “Generación de empleo. Valores. República”, gracias Teté…Son empresarios, nos marcan ritmos y tiempos. Ahora nos dicen que es tiempo de “acordar y hacer”. ¿No será “de recordar”? ¿Recordar que apoyaron los golpes de Estado, quizá? ¿Qué hicieron durante la dictadura? ¿Qué hacen los empresarios? Hacen hacer a los demás. ¿Que no hicimos nada en estos años? No-fue-magia! En realidad, estos tipos se están hablando a sí mismos, se están auto convocando para el hacer. Entonces, hay que estar preparados porque cuando se ponen de acuerdo hacen desastres.

Nota completa AQUI

lunes, 7 de abril de 2014

Mito económico (Página/12-Cash): Emitir un millón de pesos para cada argentino.

La inflación monetaria.
Por Andrés Asiain y Lorena Putero

La ortodoxia suele caracterizarse por aplicar análisis simplistas, válidos en todo tiempo y lugar, para explicar complejos procesos socioeconómicos. Un ejemplo es la teoría monetarista de la inflación, donde todo aumento de precios en cualquier país y momento de su historia se atribuye a la emisión monetaria por parte de la banca central para financiar el excesivo gasto estatal. El discurso se mantiene contra toda evidencia empírica, como la reciente de los Estados Unidos, donde se calcula una emisión de 16 billones de dólares para limpiar los pasivos de los principales bancos privados durante la última crisis, sin que se haya registrado una aceleración de la inflación.
En el plano local, el hecho de que la inflación se haya más que duplicado entre 2006 y 2008, cuando había superávit de las cuentas públicas y la tasa de emisión era decreciente, tampoco parece mellar la fe de los ortodoxos sobre el poder explicativo de su teoría. Tampoco se inhiben ante la evidencia de los últimos meses, en que la política de reducción real de la base monetaria por parte del BCRA convive con una disparada de los precios. El paradigmático caso de los subsidios a las tarifas, donde un recorte que reduce el gasto y las necesidades de emisión impactan positivamente sobre el ritmo de aumento de los precios, es gambeteado con una promesa de estabilidad en el largo plazo, aquel indefinido tiempo en que el economista británico John Maynard Keynes presagiaba que “estaríamos todos muertos”.
Arrinconados por la realidad, los defensores del monetarismo suelen replicar que, si la emisión no genera inflación, el gobierno podría alcanzar mágicamente la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación, emitiendo un millón de pesos para regalárselo a cada argentino. Se trata de una chicana liberal que, sin embargo, puede ser una buena excusa para discutir sobre los límites de las políticas monetarias expansivas. Al respecto, en Teoría general Keynes presagiaba que el límite se encontraba en que la expansión de los gastos estimulada por la expansión monetaria no superara la capacidad productiva máxima dada por el pleno empleo de la fuerza de trabajo. Sin embargo, ese límite teórico fue desafiado en los países centrales durante la experiencia de movilización económica en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Como explicó John Kenneth Galbraith, en el libro Teoría del control de precios, los excesos de ingresos por sobre la oferta de pleno empleo provocados por la expansión monetaria que acompañó el esfuerzo bélico, fueron canalizados hacia el incremento de los ahorros monetarios mediante el racionamiento de la demanda y los controles de precios.
 

lunes, 30 de diciembre de 2013

Mito económico (Página/12-Cash): Los precios y la ortodaxia.

Memoria inflacionaria.
Por Andres Asiain y Lorena Putero

Un comodín de los economistas ortodoxos para objetar las políticas heterodoxas es la “memoria inflacionaria”. El ingrato recuerdo de la elevada inflación que acompañó a la economía entre mediados de los setenta y principios de los noventa, habría generado una sensibilidad especial en materia de precios en la sociedad. Esa memoria provocaría que ante una mínima señal de incremento en el nivel general de precios se generen reacciones de compra masiva de dólares y fuertes remarcaciones precautorias que podrían terminar impulsando un autocumplido desborde inflacionario. La forma de evitarlo sería mediante la aplicación de políticas de austeridad más duras que en los países que no sufrieron traumas inflacionarios en su pasado. Son los economistas ortodoxos los que paradójicamente carecen de buena memoria. Por eso es importante recordar que la elevada inflación de las décadas pasadas, con sus picos hiperinflacionarios, no se debió a la falta de aplicación de políticas ortodoxas, sino más bien a lo contrario. El primer impulso a los precios lo dio Celestino Rodrigo, con un enorme incremento en el valor del dólar y las tarifas. Un plan ortodoxo con todos sus ingredientes de apelación a la competitividad, el déficit público y los precios de equilibrio, que multiplicó por cinco la tasa de inflación, construyendo un piso inercial de tres dígitos que duró 15 años.
Los episodios de hiperinflación fueron consecuencia de la política poco heterodoxa de Martínez de Hoz que, con la excusa de combatir la inflación, fomentó el endeudamiento externo y el ingreso de inversiones especulativas para financiar el atraso cambiario y la apertura. Cuando la Reserva Federal (banca central estadounidense) subió la tasa de interés y en el mundo dejaron de “sobrar dólares”, estalló a nivel regional la crisis de la deuda, dejando a nuestro país en una situación de insolvencia externa, corridas cambiarias y estallidos en el valor del dólar que terminaron en hiperinflación.
 

lunes, 8 de julio de 2013

Mito económico (Página/12-Cash): Política de ingresos, subsidios e inversiones.

“Hay que aumentar las tarifas”

 Por Andres Asiain y Lorena Putero

Uno de los reclamos empresarios más reiterado es incrementar las tarifas de los servicios públicos. Este pedido comenzó con el final de la convertibilidad, cuando la fuerte devaluación fue acompañada de la pesificación de las tarifas. Esta rompió con los contratos de privatización firmados por el gobierno de Carlos Menem, que aseguraban tarifas en dólares ajustadas por la inflación estadounidense (sí, leyó bien, no es un error de redacción). La pesificación derivó en varios juicios por parte de las empresas prestadoras, que tomándose de los tratados internacionales firmados en los noventa demandaron en tribunales externos como el Ciadi. Gran parte de esos reclamos fueron abandonados tras negociaciones y concesiones a las empresas, mientras que otros están pendientes de resolución.
La queja por el congelamiento tarifario continuó a medida que se incrementaban los salarios y otros costos de producción. La consiguiente merma de la tasa de ganancia de las empresas del sector fue utilizada como argumento para justificar los bajos niveles de inversión. La deficiencia de calidad de muchos de los servicios parecía darles la razón; sin embargo, la experiencia histórica y de otros sectores desregulados los contradice. Si la falta de inversiones se debe a que las tarifas son bajas y no permiten obtener una elevada tasa de ganancia, ¿por qué tampoco invertían en los años noventa, cuando sus tarifas y ganancias eran muy elevadas?; o bien, ¿por qué no invierten las empresas de telefonía celular, sector desregulado con tarifas y ganancias muy por arriba de la media mundial?
Llegado cierto punto y al ver los números rojos de algunas empresas, la estrategia oficial para mantener congeladas las tarifas fue el otorgamiento de subsidios. Su monto creció al ritmo de los costos de producción (muchas veces inflados por las empresas concesionarias), y si bien permitió mantener el nivel de tarifas, no tuvo éxito en la mejora de la calidad de los servicios. Eso dio pie para reclamar el fin de la estrategia señalando la injusticia del subsidio de los servicios que percibían también algunos sectores de elevados ingresos. La atendible pero exagerada inequidad de un subsidio general en una sociedad desigual dio lugar a un cambio de estrategia, pasando de un subsidio general a uno direccionado a los sectores de menores recursos, que aún no termina de implementarse. Las dificultades no son pocas, ya que la inmensa mayoría de los usuarios de los servicios públicos son sectores de ingresos medios y bajos.