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La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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lunes, 8 de julio de 2013

Mito económico (Página/12-Cash): Política de ingresos, subsidios e inversiones.

“Hay que aumentar las tarifas”

 Por Andres Asiain y Lorena Putero

Uno de los reclamos empresarios más reiterado es incrementar las tarifas de los servicios públicos. Este pedido comenzó con el final de la convertibilidad, cuando la fuerte devaluación fue acompañada de la pesificación de las tarifas. Esta rompió con los contratos de privatización firmados por el gobierno de Carlos Menem, que aseguraban tarifas en dólares ajustadas por la inflación estadounidense (sí, leyó bien, no es un error de redacción). La pesificación derivó en varios juicios por parte de las empresas prestadoras, que tomándose de los tratados internacionales firmados en los noventa demandaron en tribunales externos como el Ciadi. Gran parte de esos reclamos fueron abandonados tras negociaciones y concesiones a las empresas, mientras que otros están pendientes de resolución.
La queja por el congelamiento tarifario continuó a medida que se incrementaban los salarios y otros costos de producción. La consiguiente merma de la tasa de ganancia de las empresas del sector fue utilizada como argumento para justificar los bajos niveles de inversión. La deficiencia de calidad de muchos de los servicios parecía darles la razón; sin embargo, la experiencia histórica y de otros sectores desregulados los contradice. Si la falta de inversiones se debe a que las tarifas son bajas y no permiten obtener una elevada tasa de ganancia, ¿por qué tampoco invertían en los años noventa, cuando sus tarifas y ganancias eran muy elevadas?; o bien, ¿por qué no invierten las empresas de telefonía celular, sector desregulado con tarifas y ganancias muy por arriba de la media mundial?
Llegado cierto punto y al ver los números rojos de algunas empresas, la estrategia oficial para mantener congeladas las tarifas fue el otorgamiento de subsidios. Su monto creció al ritmo de los costos de producción (muchas veces inflados por las empresas concesionarias), y si bien permitió mantener el nivel de tarifas, no tuvo éxito en la mejora de la calidad de los servicios. Eso dio pie para reclamar el fin de la estrategia señalando la injusticia del subsidio de los servicios que percibían también algunos sectores de elevados ingresos. La atendible pero exagerada inequidad de un subsidio general en una sociedad desigual dio lugar a un cambio de estrategia, pasando de un subsidio general a uno direccionado a los sectores de menores recursos, que aún no termina de implementarse. Las dificultades no son pocas, ya que la inmensa mayoría de los usuarios de los servicios públicos son sectores de ingresos medios y bajos.
 

lunes, 6 de mayo de 2013

Mito económico (Página/12 - Cash): Estamos aislados.

Más inversiones extranjeras y más comercio internacional.
Por Andres Asiain y Lorena Putero

Uno de los latiguillos que suele circular por grandes medios es que Argentina se encuentra aislada. El mito comenzó con la cesación de pagos de una parte de la deuda a fines de 2001, que cerró el acceso al crédito internacional. Continuó con la pesificación de tarifas de las empresas privatizadas que evitó un fuerte aumento de los servicios públicos tras la devaluación, y la posterior resistencia a pagar millonarias demandas que impuso el Ciadi como consecuencia de esa medida. Por eso se impuso la idea de que Argentina no respeta los contratos y tratados bilaterales de inversión. El mismo argumento se utilizó para condenar la dureza de la posición durante la reestructuración de la deuda, la nacionalización de las AFJP y la expropiación del 51 por ciento del paquete de YPF en manos de la multinacional Repsol. Otro hito del aislamiento había sido el pago de la deuda al FMI, con el que Argentina se volvía un país poco previsible que aplicaba políticas internas que desafiaban los mandatos del organismo. Algunas de esas políticas, como la administración de las importaciones o las restricciones a la remisión de utilidades por las multinacionales, reforzarían el aislamiento al reducir su comercio exterior y desanimar la inversión extranjera.
La forma más sencilla de refutar la teoría del aislamiento es con algunos datos duros de la economía. Comenzando por el tema de la inversión externa, se suele mencionar que fue superior durante la convertibilidad que en la etapa iniciada en 2003. Para sostener esa afirmación, se toman datos de inversión extranjera directa que considera inversión la compra por parte de extranjeros de empresas nacionales ya existentes, que en realidad es un proceso de extranjerización sin incremento de la capacidad productiva. Descontando esos cambios de manos, la inversión extranjera de la convertibilidad representó 3300 millones de dólares anuales, casi la mitad de la recibida a partir de 2003: unos 6500 millones de dólares por año. Incluso si se descuenta a esa suma la reinversión de utilidades, los aportes de la inversión extranjera (directos y encubiertos vía autopréstamos) arrojan 3100 millones de dólares anuales mientras regía el 1 a 1, frente a 4200 millones por año de la actual etapa.

Mito completo: Estamos aislados.