Nuestro objetivo:

La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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miércoles, 9 de julio de 2014

Mito económico (Página/12-Cash): Ingresos y gastos del presupuesto.

La economía nacional es como la familiar.
Por Andrés Asiain y Lorena Putero

Una estrategia utilizada por los economistas ortodoxos para dar apariencia de sentido común a sus argumentaciones es la de realizar analogías entre el funcionamiento de la economía nacional y la familiar. Los déficit públicos son rechazados bajo el argumento de que una familia que gasta más de lo que gana termina mal. El fomento del consumo es censurado señalando que, así como cualquier familia debe reducir sus gastos para ahorrar más, lo mismo sucede con la economía de un país. De esa manera, los gobiernos con déficit presupuestario que fomentan el consumo nacional son condenados como si se tratara de malos padres de familias que dilapidan la economía de su hogar.
El problema del argumento ortodoxo es que en ningún momento explica por qué la economía nacional sería igual que la familiar. Como señala el economista norteamericano John Kenneth Galbraith en el libro El dinero, “la comparación con la familia es poco convincente. Que algo tan masivo, diverso, complejo, amplio, como el gobierno de los Estados (...), esté sujeto a las mismas reglas y constreñimientos que el hogar de un asalariado es algo que, como mínimo, tiene que probarse. Y no es una prueba decir, como se hace con frecuencia, que tiene que ser así”.
Comenzando por la cuestión del déficit presupuestario, una diferencia que pasan por alto los economistas ortodoxos es que, mientras que un Estado nacional tiene el poder de emitir moneda, un hogar no lo tiene. De esa manera, el presupuesto de un hogar y el de un Estado están sujetos a diferentes tipos de restricciones y, por lo tanto, las consideraciones a tener en cuenta respecto de si es o no conveniente sostener un déficit son diferentes. Mientras que para el hogar es primordial saber si logrará conseguir financiamiento y si el mismo es sostenible para su nivel de ingresos; para un Estado lo relevante es saber si el déficit es compatible con el nivel de empleo de las fuerzas productivas y las posibilidades de absorción monetaria de la economía. De esa manera, un gobierno puede juzgar conveniente sostener un déficit que impulse la actividad económica permitiendo un mayor nivel de empleo y uso de la capacidad instalada en las empresas, si evita que la dolarización del excedente presione sobre el mercado de cambios.

lunes, 16 de diciembre de 2013

En el Suple ECO (Tiempo Argentino): Falta un sistema mundial de quiebras.

Por Estanislao Malic.

Un país que se endeuda en dólares firma un contrato con el diablo. A diferencia de los sistemas de crédito privados donde el deudor posee como refugio y protección una ley de quiebras, la deuda soberana carece actualmente de regulaciones que permitan un proceso de reestructuración poco traumático y válido a nivel internacional. Las cesaciones de pagos de deuda gubernamental no son de exclusividad argentina ni aparecieron repentinamente con la crisis mundial actual, sino que han existido siempre que las naciones se han endeudado en monedas que no le son propias.
Claramente el endeudamiento en moneda local es escasamente riesgoso, ya que el patrimonio de la emisión de dinero la posee el mismo Estado Nacional.
Al contrario, la obligación de realizar pagos en moneda ajena es la forma más inocente de encadenarse a las políticas y necesidades propias de otro Estado.
Para que sea viable el endeudamiento en divisas es necesario que exista un sistema internacional de quiebras y reestructuración de deuda soberana, donde los acreedores compartan los riesgos propios de este tipo de transacciones. Es clave entender que los default muchas veces pueden no estar vinculados a hechos controlables por el país deudor, y que pueden ser las condiciones globales (crisis global o regional), las necesidades coyunturales del país emisor de la moneda nominativa (aumento de las tasas de interés estadounidenses) o incluso catástrofes naturales (tsunami) las que condicionen la capacidad de pago.
 

viernes, 26 de abril de 2013

En Infobae Opinión: Debate Inflación.

¿Acaso mi dinero no vale?
Por Leandro Llorente y Estanislao Malic.
 
El proceso inflacionario que se vive actualmente en nuestro país no es ni novedoso ni extraordinario. Entre 1945 y 1974 la inflación anual promedio en Argentina fue del 27%, con valores superiores al 20% en más de la mitad de los años. En el período 1975-1991 la media anual rondó el 550%, disminuyendo al 260% si sacamos los años de hiperinflación. Sólo en comparación a los noventa (4% de promedio anual entre 1992 y 2001) es que la inflación actual podría resultar “desmedida”, si bien en ese caso correspondería aplicar ese mismo adjetivo al fuerte incremento del desempleo, la pobreza, la indigencia y desindustrialización que acompañaron a la estabilidad de precios en esa década. Con esto no estamos indicando que el incremento de los precios necesariamente sea algo deseable, ya que puede traer consecuencias sociales negativas si los salarios y los ingresos de los más desfavorecidos no lo acompañan, sino que la inflación no es un problema en sí mismo que haya que erradicar a toda costa.
 

martes, 2 de abril de 2013

Mito económico (Página12/Cash): Sin ahorro no hay inversión.

REFLEXIONES SOBRE CONSUMO Y CREDITO 
Por Andres Asiain y Lorena Putero

Suele escucharse que para invertir, primero hay que ahorrar. Este principio, que pareciera aplicarse tanto a una empresa como a un país, es utilizado para analizar críticamente la situación de la economía argentina en los últimos años. Austeros comentaristas señalan que la vigencia de tasas de interés por debajo de la inflación estimula el consumo sin permitir el ahorro y, de esa manera, “no hay con qué invertir”. ¡Basta de consumo, es tiempo de ahorro e inversión!, sería la máxima para evitar un futuro ruinoso para nuestros hijos.
Como punto de partida para analizar la validez del mito, comencemos señalando que un empresario individual puede invertir sin haber ahorrado. Para ello basta con que pueda acceder a un crédito. Al respecto, el economista austríaco Joseph Schumpeter señalaba que “el talento de la vida económica cabalga sobre el corcel de sus deudas”. En ese sentido, la necesidad de financiar las inversiones con las propias ganancias es síntoma de un sistema financiero que no funciona correctamente y raciona el crédito a quien debería ser su destinatario por excelencia: el empresario. La solución difícilmente pase por incrementar el costo financiero de las empresas aumentando la tasa de interés, pero bien puede pasar por una mayor regulación del Estado, creando y direccionando el crédito hacia proyectos productivos de inversión.
Se objetará que para que un empresario se endeude, alguien debe haber ahorrado. Por lo que, si analizamos la economía en su conjunto: para invertir, primero hay que ahorrar. Pero lo cierto es que vivimos en una economía monetaria, donde los bancos (públicos y privados) crean dinero y generan créditos. Con ese dinero, el empresario puede contratar trabajadores desocupados o empleados en sectores informales de baja productividad, demandar ladrillos y maquinarias a empresas que gozan de capacidad ociosa (o que la amplían mediante inversiones) para montar, por ejemplo, una fábrica de zapatos. De esa manera, es la inversión la que genera el ahorro, ya que la nueva fábrica es producción no consumida, esto es, ahorro.

lunes, 10 de septiembre de 2012

En la Revista del CCC. Estudios de Economía Política y Sistema Mundial

I. Crisis de la mercancía, del dinero y corrida cambiaria: un análisis de sus formas elementales (Andres Asiain).
II. Tierra y Libertad... de mercado: sojización y apuntes para comprender el conflicto de la 125 (Ernesto Mattos).
 
Resúmenes:

I. Español: Este trabajo se propone rastrear la génesis de la crisis cambiaria a partir del desarrollo de las categorías básicas de la economía de mercado: la mercancía y el dinero. Si bien la metodología es tomada de El Capital de Marx, la concepción del dinero a la que arribamos es diferente de la del intelectual alemán y más cercana a la escuela francesa de la regulación: el dinero es una institución social. También distinguimos dos tipos de incertidumbre en el intercambio de mercado, de venta y de compra, que son el elemento clave de dos tipos diferentes de crisis: de mercancías y del dinero respectivamente. El análisis es extendido luego a la interacción entre dos espacios monetarios. Se desarrollan las categorías de traslado de demanda, de oferta, y arbitraje entre monedas que son las formas elementales del comercio exterior, la inversión extranjera directa y la cuenta financiera del balance de pagos de las economías modernas. Con estos elementos se alcanza a desarrollar la génesis de la crisis cambiaria.

II. Español: Es éste un análisis de la evolución de la producción agrícola en la Argentina, con la marca de un vigoroso proceso de sojización de la región pampeana y extra-pampeana. Este fenómeno, resultante de los altos precios de la soja en el mercado internacional, tiene impactos importantes tanto en la balanza comercial argentina como en su estructura productiva, y atraviesa dos períodos de políticas económicas bien diferentes desde su concepción. La de los años 90, identificada con recetas neoliberales, implicó el retiro del Estado, la desregulación del comercio interior y exterior , la desindustrialización, la convertibilidad de la moneda y otras medidas que dieron como consecuencia un proceso de fuerte extranjerización de la economía, con una creciente desindustrialización y precariedad del empleo. Producida la implosión de 2001, a partir de 2003 hubo un cambio de modelo donde se repone la presencia del Estado, con metas explícitas: una mayor independencia económica y una más justa distribución de la riqueza.