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La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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lunes, 21 de diciembre de 2015

En Cash - Página 12: "Sinceramiento de los precios"


El cambio de gobierno ha producido también novedades en el discurso de los economistas. Así, la aceleración de la inflación que se vive en las últimas semanas se ha denominado como un “sinceramiento” de los precios que se encontraban “reprimidos” por las políticas de intervención pública como el programa Precios Cuidados. De manera similar, se habla de “sincerar” el dólar y las tarifas cuyo valor es considerado como “artificial” al ser sostenido mediante las políticas de administración de divisas (“cepo”) y subsidios a los servicios públicos.

En realidad, el concepto de “sinceramiento” de los precios es de larga data entre economistas ortodoxos. A modo de ejemplo, el ex ministro Domingo Cavallo titula uno de los capítulos de su último libro, “Sincerar precios para restablecer una buena organización económica”. También Celestino Rodrigo justificó la suba del dólar del 100 por ciento, incrementos de tarifas del 175, de los combustibles de casi el 80 y del 120 en el transporte, señalando que se trataba de un “sinceramiento de la economía”. Semejante ataque de sinceridad pasó a la historia como Rodrigazo y costo a la argentina una aceleración de la inflación que, a partir de ahí, no bajo de los tres dígitos durante 16 años. [...]

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domingo, 23 de agosto de 2015

En Cash - Página 12: "Fondos prestables"


La teoría de los fondos prestables señala que el ahorro constituye la base que financia las inversiones en una economía. Así, los inversores deben competir entre ellos por hacerse de esos fondos para poder realizar sus planes de negocios. De esa competencia por la utilización del ahorro social, se determina la tasa de interés que refleja por un lado el rendimiento de las inversiones y, por el otro, el premio a los ahorristas por abstenerse de consumir sus ingresos. Por su parte, una política monetaria expansiva sólo impulsará, en el mediano plazo, el nivel de general de los precios y la tasa de interés nominal, pero no tendrá influencia sobre el valor real de las inversiones, los ahorros y la tasa de interés que dependen de políticas que estimulen el ahorro o la productividad.

Frente a esa concepción, la heterodoxia señala que las inversiones no requieren de un ahorro previo, sino la existencia de oportunidades de negocios y de acceso al crédito para poder realizarlos. El ahorro social no es una condición previa para realizar inversiones sino su consecuencia, ya que las mismas ponen en actividad recursos productivos desempleados u ocupados en tareas de menor productividad, generando una nueva fuente de ingresos sobre la que se ahorra. Por ejemplo, si un empresario accede a un crédito para construir una fábrica, demandará materiales, maquinarias y mano de obra, incrementando el volumen de producción, empleo e ingresos de las empresas proveedoras. Sobre esos ingresos (diseminados a lo largo de diversos rubros económicos de acuerdo a los sucesivos gastos que desencadena), se genera el ahorro social equivalente a la inversión realizada. [...]

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domingo, 9 de agosto de 2015

En Cash - Página 12: "Ajuste o buitres"

Por Andrés Asiain

En los círculos ortodoxos predomina la idea de que el próximo presidente tiene reducidas sus opciones de política económica a un ajuste contractivo de la economía –vía aumento del dólar y/o reducción directa del gasto público y los salarios– o un acuerdo con los fondos buitre que permita un acceso fluido al crédito internacional. De acuerdo a esa visión, las políticas populistas de expansión del gasto público y el consumo alcanzaron un nivel crítico, derivando en presiones inflacionarias y retraso cambiario que deterioran el balance externo de la economía. La consecuente escasez de dólares obliga a reducir el gasto y el consumo, o bien, a continuar el populismo financiándolo vía endeudamiento externo. De ahí que la elección para el próximo gobierno sea de ajuste o buitres.

Ese planteo conservador parte de una situación poco discutible, la falta de divisas limita las posibilidades de expansión de la actividad económica y, por ende, las de incremento del consumo y el gasto público. Sin embargo, el análisis de las causas por las que se llega a la restricción externa y sus posibles soluciones es parcial. [...]

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lunes, 2 de febrero de 2015

En Cash - Página 12: "Los salarios mínimos generan desempleo"


Por Andrés Asiain

La economía ortodoxa considera el mundo laboral como un mercado donde se intercambia fuerza de trabajo. Aplicando el mismo método de análisis que el que utilizan en cualquier otro mercado, consideran que la suba de los salarios incentiva a la clase obrera a trabajar más horas, mientras que su baja estimula al empresario a contratar más trabajadores. Desde esa perspectiva, la existencia de desempleo es síntoma de que los salarios están por encima de su valor de equilibrio, generando un sobreestímulo en la oferta de trabajo y un desestímulo en su demanda empresarial. Por ello, la intervención en el libre funcionamiento del mercado laboral por parte del Estado y los sindicatos para imponer un salario mínimo legal impide que el salario baje hasta su valor de equilibrio y termina generando desempleo.

Un hecho que no considera la mencionada teoría es que las condiciones de libre negociación entre un trabajador individual y una corporación empresarial son, en realidad, muy desiguales. La gran corporación tiene las posibilidades financieras de mantener la planta laboral o disminuirla, si el costo salarial le parece excesivo. Por el contrario, el trabajador puede verse obligado a aceptar bajas remuneraciones ya que de la obtención de un empleo depende su sustento y el de su familia. Esas condiciones desiguales de negociación cuando reina el libre mercado tienden a imponer salarios muy bajos, que no alcanzan siquiera para que el trabajador alimente dignamente a su familia. [...]

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martes, 24 de junio de 2014

Mito económico (Página/12-Cash): La ortodoxia y el Ajuste.

Política de shock.
Por Andrés Asiain y Lorena Putero

El tratamiento por vías de shocks para superar los problemas de un paciente no es de uso exclusivo de la psiquiatría. Así como algunos sostienen la posibilidad de reparar electrodomésticos a fuerza de golpes de puño, existen economistas que pregonan la opción de extender esa misma metodología al diseño de las políticas económicas. Tomando las enseñanzas del psiquiatra italiano Ugo Cerle-tti, quien aplicara por primera vez la metodología del electroshock en abril de 1938 sobre un paciente esquizofrénico con alucinaciones, delirios y confusión, los economistas ortodoxos proponen aplicar una terapia similar a economías enfermas de populismo con déficit fiscales, incertidumbre cambiaria y tarifas retrasadas. 
La idea del shock como método de la política ortodoxa toma fuerza en los años ochenta, cuando el discurso liberal comienza a dar una creciente importancia a las expectativas de los agentes en el diseño de las políticas económicas. Según el nuevo paradigma ortodoxo, cuando un gobierno populista implementaba tibios planes de ajuste, movimientos del dólar o de las tarifas, no lograba convencer al “mercado” de que se iniciaba un quiebre en el diseño de la política económica y, por lo tanto, no tenía éxito en el combate a la inflación. En esos casos, la política recomendada era una terapia de shock, donde el ajuste, el alza del dólar y de las tarifas debían ser lo suficientemente bruscos como para convencer a propios y extraños de que la era del populismo había terminado. Un cambio de gobierno o, por lo menos, de ministro de Economía, podía reforzar la efectividad de las medidas al generar una mayor credibilidad sobre el sostenimiento del nuevo rumbo.
La creciente relevancia de la terapia de shock en el discurso económico tenía como base material la desregulación de las finanzas en la economía mundial. Ante la magnitud de los flujos financieros internacionales y su conocida volatilidad en base a rumores y expectativas, parecer una economía sana se torna más relevante que serlo. Abultados déficit comerciales sostenidos en base a endeudamiento externo pueden administrarse a partir de una buena reputación en el mundillo de las calificadoras y organismos internacionales de crédito, si logran activar un importante ingreso de capitales especulativos. Por el contrario, el mero indicio de populismo puede desatar la ira de los custodios del orden neoliberal, que castigan a los pecadores con la plaga de la fuga de capitales.

Mito completo: La ortodoxia y el Ajuste.

lunes, 7 de abril de 2014

Mito económico (Página/12-Cash): Emitir un millón de pesos para cada argentino.

La inflación monetaria.
Por Andrés Asiain y Lorena Putero

La ortodoxia suele caracterizarse por aplicar análisis simplistas, válidos en todo tiempo y lugar, para explicar complejos procesos socioeconómicos. Un ejemplo es la teoría monetarista de la inflación, donde todo aumento de precios en cualquier país y momento de su historia se atribuye a la emisión monetaria por parte de la banca central para financiar el excesivo gasto estatal. El discurso se mantiene contra toda evidencia empírica, como la reciente de los Estados Unidos, donde se calcula una emisión de 16 billones de dólares para limpiar los pasivos de los principales bancos privados durante la última crisis, sin que se haya registrado una aceleración de la inflación.
En el plano local, el hecho de que la inflación se haya más que duplicado entre 2006 y 2008, cuando había superávit de las cuentas públicas y la tasa de emisión era decreciente, tampoco parece mellar la fe de los ortodoxos sobre el poder explicativo de su teoría. Tampoco se inhiben ante la evidencia de los últimos meses, en que la política de reducción real de la base monetaria por parte del BCRA convive con una disparada de los precios. El paradigmático caso de los subsidios a las tarifas, donde un recorte que reduce el gasto y las necesidades de emisión impactan positivamente sobre el ritmo de aumento de los precios, es gambeteado con una promesa de estabilidad en el largo plazo, aquel indefinido tiempo en que el economista británico John Maynard Keynes presagiaba que “estaríamos todos muertos”.
Arrinconados por la realidad, los defensores del monetarismo suelen replicar que, si la emisión no genera inflación, el gobierno podría alcanzar mágicamente la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación, emitiendo un millón de pesos para regalárselo a cada argentino. Se trata de una chicana liberal que, sin embargo, puede ser una buena excusa para discutir sobre los límites de las políticas monetarias expansivas. Al respecto, en Teoría general Keynes presagiaba que el límite se encontraba en que la expansión de los gastos estimulada por la expansión monetaria no superara la capacidad productiva máxima dada por el pleno empleo de la fuerza de trabajo. Sin embargo, ese límite teórico fue desafiado en los países centrales durante la experiencia de movilización económica en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Como explicó John Kenneth Galbraith, en el libro Teoría del control de precios, los excesos de ingresos por sobre la oferta de pleno empleo provocados por la expansión monetaria que acompañó el esfuerzo bélico, fueron canalizados hacia el incremento de los ahorros monetarios mediante el racionamiento de la demanda y los controles de precios.