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La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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domingo, 31 de agosto de 2014

Mitos económicos (Página/12-Cash): Antecedentes internacionales de la regulación estatal.

“Ley antiempresas”
Por Andrés Asiain y Lorena Putero

La Ley de Regulación de las Relaciones de Producción y Consumo, más conocida como de Abastecimiento, no ha dejado de sumar voces críticas en el establishment económico y sus representantes mediáticos y políticos. “No es atacando a las empresas como se defiende el trabajo”, se expresó el diputado conservador Sergio Massa, para luego indicar que su bloque del Frente Renovador votaría en contra de una ley que “ya fracasó en Venezuela”. El carácter chavista de la medida fue denunciado por empresarios y medios ultraconservadores que hasta llegaron a señalar que la reciente reunión del hijo del presidente venezolano Maduro con algunos diputados del FpV se trataba de un “entrenamiento” para la aplicación de los controles estatales sobre las empresas.
Más allá de las especulaciones sobre la influencia chavista en nuestro país, lo cierto es que el origen de la Ley de Abastecimiento es del tercer gobierno del presidente Juan Domingo Perón. Esa ley peronista fue dictada el 25 de junio de 1974, varias décadas antes de que el comandante Chávez iniciara su Revolución Bolivariana, por lo que difícilmente pueda atribuirse a dicha doctrina su inspiración, excepto que se piense “que seamos chavistas hace 40 años”, tal como afirmó el secretario de Comercio, Augusto Costa. Por otro lado, medidas similares se aplican en diversos países, como el caso de las leyes antimonopolio de Estados Unidos –Ley Sherman (1890) y Clayton (1914)– y la Unión Europea (artículos 101 y 102 del Tratado Europeo), que aplican sanciones y obligan a dividir empresas cuando éstas toman una posición dominante en el mercado y/o elevan artificialmente los precios.
También en España se permite al Estado fijar precios, márgenes para evitar perturbaciones importantes en el mercado (Real Decreto Legislativo 1/2007). La Constitución mexicana establece, en su artículo 28, “bases para que se señalen precios máximos a los artículos o productos que se consideren necesarios para la economía nacional o el consumo popular, así como para imponer modalidades a la organización de la distribución de esos artículos, materias o productos, con el fin de evitar que intermediaciones innecesarias o excesivas provoquen insuficiencia en el abasto, así como el alza de precios”. En Brasil se establecen sanciones que alcanzan el arresto por un período de seis meses a dos años (Código de Defensa del Consumidor) y hasta el tribunal supremo de Chile avaló el pago de las multas previamente a cualquier instancia judicial, indicando que “constituye un incentivo efectivo para que las empresas mejoren la coordinación y la seguridad del sistema”.
 

domingo, 20 de julio de 2014

MIto económico (Página/12-Cash): Producción y publicidad.

“Preferencias del consumidor”
Por Andrés Asiain y Lorena Putero

La teoría económica ortodoxa sostiene que el individuo, en tanto consumidor, es el verdadero director de la economía. Mediante sus preferencias, que se expresan a través de sus decisiones de compra, indica a los empresarios qué deben producir y qué no. Quien acate el mandato del consumidor será premiado con una ampliación de sus ventas y ganancias. Quien lo desafíe será condenado a una merma en su clientela y, finalmente, a la quiebra. De esa manera, el libre mercado se presenta como un sistema mediante el cual los consumidores reinan y las corporaciones obedecen.
Un punto importante a señalar es que, aun asumiendo que los consumidores tienen el poder, el mismo se encuentra bastante mal distribuido. Si las preferencias se expresan a través de las compras, está claro que el sistema económico obedecerá a quien tenga la billetera más gorda.
En la plutocracia del mercado, los excluidos no tienen voz ni votos para expresar sus preferencias, mientras que el menor capricho de los ricos recibirá toda la atención del mundo corporativo. La pregunta que no se hace la teoría ortodoxa es: ¿de dónde salen las preferencias del consumidor? Nadie nace sabiendo que prefiere una determinada marca de zapatillas o heladeras. Teniendo en cuenta que las preferencias son una construcción social, el mundo corporativo gasta miles de millones de dólares en publicidad, con la finalidad de influir en las preferencias de sus clientes desde su más tierna infancia. Como recomienda a sus clientes corporativos Lucy Hugues, vicepresidenta de Initiative Media: “Los niños son los consumidores del mañana, así que empiecen a tratar con ellos hoy, ya que siguen desarrollando la relación cuando son jóvenes y cuando son adultos ya los tienen ganados” (película La corporación). Este hecho conocido por todos es desconocido por la teoría ortodoxa, que continúa basando el grueso de su análisis en el supuesto de que las preferencias de los consumidores son independientes de las decisiones de los empresarios. Si esto no es cierto, y la existencia de la publicidad comercial es prueba suficiente al respecto, aun el mercado más competitivo deja de ser eficiente. Si los empresarios pueden aumentar su clientela mediante la publicidad en lugar de competir reduciendo costos y precios, lo harán incrementando los costos publicitarios. Los mayores precios para cubrir el creciente gasto en propaganda son aceptados por los consumidores por la influencia de la publicidad sobre sus preferencias.
 

lunes, 3 de junio de 2013

Mito económico (Página/12-Cash): La libre competencia.

Oferta y Demanda, mercado y estado.
Por Andrés Asiain y Lorena Putero

Una de las utopías sociales de mayor influencia en la historia moderna es la de los mercados competitivos y libres, que sustentó la aplicación de políticas económicas liberales en diversos momentos y lugares. Esta ideología que nace de la confusión entre individuo y corporación en los orígenes filosóficos de la Revolución Francesa constituye aún hoy la base del adoctrinamiento de los economistas en las principales universidades del mundo y mantiene una gran influencia en la dirigencia empresarial y política global. En Argentina, fue la que justificó las políticas de apertura importadora, desregulación financiera y achicamiento del Estado de la última dictadura militar y el menemismo, y la que aún predomina en partidos de derecha, gran parte de las asociaciones patronales, así como en el discurso económico que difunden los medios masivos de comunicación.
La idea de libre competencia parte de omitir la existencia de grandes corporaciones empresariales y plantear un mundo donde predominan pequeños productores que intercambian sus productos en un mercado parecido a esas ferias de artesanos que podemos visitar el fin de semana en muchas plazas del país. Esta idílica versión del capitalismo asume que los pequeños empresarios en busca de ganancias compiten produciendo en la forma más eficiente y ofertando al menor precio aquello que el consumidor les demanda. Cualquier intervención externa, como la de un secretario de Comercio que intente frenar un aumento de precios, es ineficiente y termina generando una menor producción y faltantes del producto regulado en las góndolas. El supuesto de que las empresas son chicas y numerosas descarta que acuerden para fijar producción y precios, le digan al consumidor cuáles son sus gustos mediante la publicidad o traduzcan su poder económico en poder político mediante el lobby en el Estado o su dominio de los principales multimedios.

Mito completo: La libre competencia.