Nuestro objetivo:

La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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lunes, 14 de septiembre de 2015

En Cash - Página 12: "La única opción es el ajuste"

La última semana el diario La Nación publicó una nota de opinión titulada “La única opción es el ajuste”. En la misma, un economista ultraliberal de frecuente aparición mediática, señala que “otra vez” como fue en el Rodrigazo, la crisis de la tablita de Martínez de Hoz, la hiperinflación que coronó al plan Austral de Alfonsín y la crisis de la convertibilidad de Cavallo, “nos encontramos con un programa económico agotado y ante la necesidad de hacer ajustes”. La causa de las repetidas crisis sería el “populismo industrial”: “cerrar la economía al comercio para dejar la mesa servida a la industria sustitutiva de importaciones, expropiar al campo y al petróleo con retenciones y restricciones para exportar, y hacer todo el déficit fiscal posible para que la demanda (de consumo) sea el ariete, la punta de lanza del crecimiento económico”.

De más está aclarar que tildar de “populismo industrial” a las experiencias de apertura importadora con apreciación cambiaria de Martínez de Hoz y Cavallo, si no fuera por las dramáticas consecuencias en materia de desindustrialización y desempleo que generaron, pareciera un nuevo género de comedia cómica: el surrealismo neoliberal. Pero continuemos desarrollando cómo sería el inevitable ajuste que se avecina de acuerdo a nuestro homo economicus: “hay que prescindir de gran parte del empleo público”; “congelar el gasto público remanente”; “devaluar el peso”; “eliminar el cepo”; dejar “de emitir para financiar el déficit fiscal residual” y financiarlo “con dólares que podrían provenir de un acuerdo de préstamo con el FMI, que a su vez permitiría recomponer las reservas internacionales del BCRA”; “también habrá que ajustar tarifas y poner las tasas de interés en territorio positivo”; junto a “un drástico cambio en la orientación de nuestra política exterior” que consistiría en cumplir los fallos de la OMC, Ciadi y Griesa. [...]
Mito completo AQUI

domingo, 16 de noviembre de 2014

En Cash/Página 12: "La curva de Phillips. Inflación o desocupación"


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-8094-2014-11-16.html

Desde que el economista William Phillips publicó su artículo “La relación entre el desempleo y la tasa de variación de los salarios monetarios en el Reino Unido, 1861-1957”, la idea de la disyuntiva entre la estabilidad de los precios y un bajo nivel de desempleo (“Curva de Phillips”, en la jerga académica) dominó gran parte del pensamiento económico de los países centrales. Aceptada por casi todas las corrientes de ideas económicas, las diferencias entre ellas giran en torno de las causas del fenómeno y la inclinación a sacrificar el empleo o la estabilidad de precios. Los sectores ortodoxos tienden a priorizar una baja inflación aun a costa de un elevado desempleo, con posiciones extremas que llegan a preconizar la naturalidad del desempleo y amenazan con una espiral inflacionaria a quien intentara bajarlo. En contraposición, la prioridad de la heterodoxia pasa por mantener un bajo nivel de desempleo, aceptando cierta inflación como mal menor.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-8094-2014-11-16.html
Como tantos otros acalorados debates entre diversas escuelas económicas del Centro, el dilema de elegir entre inflación o desocupación desembarcó en Argentina dividiendo aguas entre economistas. Ortodoxos y heterodoxos se aferran a las banderas de la estabilidad de precios o del empleo, haciendo caso omiso de una realidad económica nacional que no encaja en ninguna Curva de Phillips. A modo de ejemplo, los históricos planes de estabilización ortodoxos de la etapa de industrialización, con sus dosis de devaluación y suba de tarifas, generaban elevadas tasas de inflación junto a caídas de la actividad económica y el empleo. En contraste, el plan heterodoxo de Gelbard logró combinar un importante descenso de la inflación con niveles de pleno empleo. El derrumbe del gobierno de Alfonsín fue acompañado de una hiperinflación con una actividad y empleo en baja, mientras que el ocaso de la Convertibilidad combinó desempleo record con precios que descendían. [...]

MITO COMPLETO: "La curva de Phillips. Inflación o desocupación"

lunes, 4 de febrero de 2013

Mitos económicos (Página12/Cash): Se viene una nueva hiperinflación.

Por Andrés Asiain y Lorena Putero (Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauretche).
 
Comencemos por las causas de la hiperinflación de finales de los ’80, que no son la emisión monetaria descontrolada para financiar el déficit público generado por las ineficientes empresas estatales, como le mintieron a doña Rosa. La causa estructural que derivó en la híper fue la presión que ejercía sobre el mercado de cambios el pago de la deuda externa contraída por la última dictadura militar. En un contexto donde el precio de las materias primas de exportación se encontraba por el piso, y los mercados regionales donde colocábamos bienes industriales se habían reducido por su propia crisis de la deuda, los dólares que ingresaban al país no eran suficientes para pagar las importaciones necesarias para mantener una mínima expansión de la actividad económica y, mucho menos, para cumplir con las deudas externas que habíamos heredado.
Fue así que la democracia retornó con un mercado de cambios bajo extrema presión, donde el permanente salto del dólar se llevaba detrás de sí los demás precios. En ese contexto, la propia inflación deterioraba las cuentas públicas, tanto por la rápida pérdida de valor de la recaudación como por el retraso de las tarifas de los servicios públicos que generaban el déficit del Estado empresarial. La obligada emisión no alimentaba la actividad, ya que las políticas de ajuste impuestas por los acreedores reducían el mercado interno. El resultado era que la emisión iba directo al dólar, incrementando aún más la presión cambiaria. Fue así que las tasas de inflación que superaban el ciento por ciento anual desde 1975, alcanzaron niveles de más del mil por ciento, hasta que nuestros acreedores externos nos dieron tregua. Claro que cobrándose con las principales empresas del país, que les fueron privatizadas a precio de remate y a pagar en títulos públicos desvalorizados. Con los dólares que ingresaron por la cuenta capital se pudo estabilizar el mercado de cambios, y con el dólar quieto se calmaron los precios.