Nuestro objetivo:

La cátedra nacional de economía política Arturo Jauretche busca recuperar la experiencia de las Cátedras Nacionales de los años setenta para pensar en clave nacional los grandes problemas económicos del país.

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lunes, 26 de mayo de 2014

Mito económico (Página/12-Cash): Política comercial e ingresos.

Barato e importado   
Por Andrés Asiain y Lorena Putero

El hecho de que muchos productos importados sean más baratos que los nacionales suele inducir a la idea de que una política de libre importación permitiría mejorar el nivel de vida de la población, ya que incrementaría el poder de compra de los salarios y demás ingresos. En esa apariencia se fundan las doctrinas liberales para argumentar que el libre comercio mejora el bienestar de las sociedades. Esas doctrinas, que benefician centralmente a las grandes corporaciones que organizan su producción trascendiendo las fronteras nacionales, reciben en el Tercer Mundo el apoyo de cámaras de importadores y sectores exportadores de productos primarios que pueden sobrevivir a la competencia internacional. Los medios de comunicación y partidos políticos tributarios de esos diversos intereses son los encargados de crear el consenso y llevar a la práctica las políticas de libre importación.
El argumento a favor del ingreso irrestricto del producto importado se desvanece cuando se considera que los salarios e ingresos de una población no son independientes de la política comercial. Así, en la Argentina liberal de los noventa, muchos de los supuestos beneficiarios de un incremento del poder de compra de sus ingresos por el importado barato descubrieron que sin protección a la producción nacional dejaban de percibir ingresos. El cierre de fábricas con despidos obreros y la presión a la baja de los salarios inducida por el desempleo provocaron una contracción del consumo y las ventas. Esta situación deprimió el conjunto de las actividades económicas y los ingresos de la población, con la excepción de aquellas cuyo mercado se encontraba fuera del país, de escaso peso en materia de empleo e ingresos nacionales.
La posibilidad de contrarrestar esa tendencia contractiva ampliando el gasto público se ve restringida porque la libre importación incrementa el porcentaje de gasto en dólares del ingreso nacional. Por ello, las gestiones liberales suelen acudir al endeudamiento externo para anestesiar a las sociedades, que cuando despiertan se ven sacudidas por una crisis donde se combina la capacidad destructiva de la libre importación con una restricción de dólares acentuada por el endeudamiento previo.

lunes, 10 de febrero de 2014

En Página 12. Temas de debate: Los efectos de una historica estructura productiva desequilibrada.

El huevo de la serpiente
Producción: Tomás Lukin
 
Las señales del mercado 
Por Norberto E. Crovetto.

La formación de la economía argentina desde nuestra independencia se hizo al calor del mercado global armado por Inglaterra. Esa primera globalización nos ubica, por la extraordinaria productividad del campo, como proveedores de carne y granos. La provisión de materias primas y alimentos baratos es crucial para el desarrollo industrial de los países centrales. Producimos más barato las carnes y los granos que en los países centrales, luego resulta más barato intercambiarlas por manufacturas importadas que producirlas internamente. Se impone políticamente una organización económica cuyas señales ordenan la economía en base a los principios de las ventajas comparativas, siendo nuestro rol el ser “granero del mundo”. Las señales de mercado son instituidas orientando la actividad económica en cumplimiento de la división internacional del trabajo.
Desafortunadamente, la economía no suele mantener en el tiempo su equilibrio y las señales del mercado pierden fuerza en su carácter primordial de orientación y coordinación; producto de las crisis y guerras mundiales el país se industrializa. Una vez resueltos los desequilibrios y reencauzada la actividad económica mundial y bajo un nuevo dominio político (el ascenso de EE.UU. en lugar de la Gran Bretaña), se reordenan los mercados y sus señales. Nuevamente se impone el rol de ser el “granero del mundo”, pero ahora en conflicto con el proceso de industrialización, generándose una economía que Diamand ha denominado Estructura Productiva Desequilibrada (EPD), por la cual coexisten productividades relativas entre los sectores industrial y primario diferentes de las internacionales. La mejor productividad del campo que la internacional resulta en un producto industrial relativamente más caro que el de nivel internacional. O de otra manera, gracias a un costo menor en los países centrales del producto industrial dado por la importación de alimentos, aquél resulta relativamente más barato que el producido en nuestras tierras.

lunes, 28 de enero de 2013

En Tiempo Argentino: El valor de la tierra rural e inmobiliaria es la punta del ovillo.

Por Andrés Asiain (Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauretche).
La tradicional puja salarios-precios, donde los empresarios dan aumentos nominales con una mano para reducirlos, luego, al trasladarlos a sus precios, se vio exacerbada en los últimos años por el fuerte encarecimiento de los alimentos.

Al respecto, el alza internacional del precio del trigo y el maíz experimentado desde 2007 tiene un impacto directo en el costo del pan, los fideos, harina, polenta, pollos y otros rubros que los utilizan como insumo. Por otro lado, el boom de rentabilidad de la soja encarece los arriendos, desplazando la ganadería y sustituyendo los demás cultivos. El margen de maniobra del gobierno al respecto es limitado desde la derrota de la 125, ya que al tener dificultades para reducir el precio de exportación que perciben los sojeros, la regulación de los precios de la carne, el trigo o el maíz genera la amenaza por parte de los productores de pasarse a la soja, disminuyendo la producción de alimentos de consumo interno.
Adicionalmente, la inversión en ladrillo del excedente de los sectores de mayores ingresos desde el 2003 hasta la fecha ha generando un boom inmobiliario que, si bien impulsó la construcción y el empleo, estimuló un alza fenomenal del precio de los alquileres. De esa manera, se encarecen los costos de comercialización, hecho que se refleja en las fuertes diferencias de precios entre, por ejemplo, el mercado central y un comercio de barrio de la Ciudad de Buenos Aires. A su vez, los emprendimientos tipo country han valorizado las afueras de la ciudad, encareciendo o desplazando la producción de frutas y hortalizas de los quinteros que tradicionalmente ocupaban esa franja del espacio urbano.